John Irvin es lo que antes se llamaba un artesano. Un director eficiente que con buen material hacía trabajos más que notables, como Los perros de la guerra, Historia macabra, o La colina de la hamburguesa. Y lo mejor que le he visto lo hizo para televisión: Calderero, sastre, soldado, espía, la gran serie que adaptaba la novela de John le Carre El topo y que protagonizó un memorable Alex Guinnesss